Sandra B. Císcar | El juego en adultos
La teoría del Juego: la importancia social y cultural del juego en entornos laborales y como método de aprendizaje de nuevas aptitudes ante la vida.
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El juego en adultos

La evolución de la especie que habita en entornos laborales 

salto cualitativo: del  homo sapiens al homo ludens

La teoría del Juego: la importancia social y cultural del juego

Con la expresión homo ludens (J.Huizinga, 1938) pretende señalar la importancia del juego en el desarrollo de los humanos. En efecto, la tesis principal de Johan Huizinga destaca que el acto de jugar es consustancial a la cultura humana. Concretamente con su Teoría del Juego resalta:

    • La importancia del juego para el desarrollo de la función social.
    • El juego es la base de la cultura humana.
    • Sin juego no hay cultura.
    • El juego es tan esencial cómo la reflexión ó el trabajo.

En entornos “normales” de la vida, el juego aparece en un lugar y un espacio determinado. En un espacio temporal creado en nuestro día a día. Al escenario donde aparece el juego lo llama El círculo mágico.

“Porque no se trata, para mí, del lugar que al juego corresponda entre las demás manifestaciones de la cultura, sino en qué grado la cultura misma ofrece un carácter de juego”.

Johan Huizinga

El juego es el método más importante que utiliza el ser humano para madurar, para socializarse. Por medio del juego aprendemos a relacionarnos con los demás, a ganar, perder, aceptar nuestras frustraciones, motivarnos y divertirnos. Entre otras funciones, el juego nos ofrece también la posibilidad de aceptar nuestras cualidades limitadas y proyectar la imaginación más allá de la realidad.

La vida es un juego, un juego serio, que el que mejor lo sabe jugar es el que gana

Herman Hesse

La risoterapia y los juegos en adultos

Este concepto contacta de lleno con la risoterapia. A medida que van pasando los años y a lo largo de nuestra educación, aprendemos a ser serios, rígidos, pomposos, acartonados, pero realmente la vida es flexibilidad, elasticidad y eso es lo que nos proporciona el juego, la posibilidad de aprender situaciones nuevas, pero también al mismo tiempo lo podemos utilizar para “desaprender” conductas que no nos ayudan a ser flexibles con la vida.

El juego hace que nos planteemos y experimentemos la posibilidad de enfrentarnos a la realidad de una forma diferente, con la que extraerle mucho más provecho, aprendiendo a ser cada vez más felices, construyendo nuevas formas de pensar y actuar más ajustadas a la vida.

Cuando jugamos, tenemos una actitud diferente a la habitual. Jugar lo asociamos con diversión, con la posibilidad de encontrar nuevos horizontes, satisfacción, vitalidad y alegría. A pesar de la forma tan revitalizadora que nos proporciona, no recurrimos habitualmente a él para experimentar estas sensaciones positivas, y menos tomar la vida como un juego, que constituiría una auténtica forma de afrontar la vida con muchas más posibilidades de alcanzar el éxito, y sobre todo de no sufrir tanto.

El juego nos ofrece la posibilidad de aprender una actitud mucho mejor para afrontar los reveses de la vida y sobre todo para aprender nuevos comportamientos, que nos llevarán a confiar mucho más en nuestras posibilidades y en los demás.

Para que el juego consiga efectuar este cambio en nosotros, es preciso estar atentos a la forma que tenemos de actuar en ellos, es necesario ser conscientes de las nuevas formas de interpretar la realidad en cada momento y sobre todo, de la actitud que tenemos en todo momento de percibir siempre la forma de salir victoriosos. El juego nos ofrece la posibilidad de pensar siempre en ganar, en dirigir nuestra mente de forma permanente hacia el éxito. Sin embargo, en la vida diaria esta actitud es totalmente contraria, la actitud es casi siempre pesimista.

El juego hace que nuestra energía fluya y sólo tenemos que observarnos cuando lo realizamos, nos encontramos mucho más vitales, tanto en los que implican actividad corporal, como en los que son más mentales, todos sin excepción nos proporcionan energía adicional, nos hacen estar mucho más vivos, despiertos, creativos y receptivos.

Cuando jugamos tenemos un a mayor consciencia de nuestras capacidades, tanto físicas como psíquicas y podemos aplicarlas al momento, de una forma inconsciente. Podemos aceptar situaciones rápidamente por muy distintas que sean a las habituales para actuar de una forma automática, sin pensar de forma consciente.

El juego nos brinda la posibilidad de automatizar nuevas conductas y comportamientos, por lo que representa una buena estrategia en cualquier intervención que pretende cambios.

Al jugar, ponemos en marcha nuestras capacidades de adaptación internas al máximo de nuestras posibilidades de una forma inconsciente y automatizada; rápidamente nos situamos en contextos diferentes para adaptarnos lo mejor posible y ante todo, lo que nos permite es extraer todo lo bueno que los juegos nos ofrecen.

Cuando jugamos, nos conectamos con nuestro YO más profundo, donde están nuestras capacidades más desarrolladas, mucho más allá de lo que conscientemente creemos. El juego nos brinda la posibilidad de saltar por encima del “encorsetamiento”  a que nuestro consciente nos somete. Jugando afinamos al máximo nuestras capacidades.

Para conseguir el máximo provecho, cuando jugamos, tenemos que hacerlo de una forma desinhibida, procurando no utilizar máscaras que utilizamos en nuestra vida normal.

Lo realmente importante en el juego es actuar libremente, exponiéndose al aprendizaje sin barreras, y esta forma de actuar llevarla a la vida diaria.

Pero a veces, cuando jugamos, seguimos utilizando nuestras máscaras habituales, y seguimos poniendo en marcha procesos de aprendizaje limitantes que nos hacen rechazar cosas que creemos que no nos gustan o situaciones que nos involucran emocionalmente en algo desconocido. Con esta actitud negativa ante el juego, seguimos buscando lo cómodo,  lo que podemos controlar, lo que no nos involucra más allá de lo que no conocemos; sólo nos exponemos a aquello que sabemos que podemos controlar y así no ampliamos nuestros horizontes, y por lo tanto jugar de esa forma no nos aporta nada.

El juego en su verdadera dimensión nos abre nuevas puertas a nuestra conciencia, nos hace experimentar nuevas posibilidades, emociones y sobre todo enriquece nuestro mundo interior con nuevas expectativas y hace que desarrollemos capacidades y sobre todo que confiemos en nuestras posibilidades cada vez más.

Para que el juego sea positivo para nosotros tenemos que arriesgarnos, ponernos en situaciones límite, para que podamos utilizar la creatividad y así abrir nuevas posibilidades a futuras actuaciones. Si permitimos que el juego nos atrape, nos pille, nos ponga en situaciones nuevas, es cuando le extraemos el verdadero jugo.

Cuando jugamos seriamente, involucrándonos, aprendemos a romper esquemas,a ampliar horizontes a estar confortables con la tensión, lo que hace que cada vez nuestro cuerpo se relaje más y nuestra mente esté mucho más creativa, y así desarrollar nuestras capacidades limitadas, para al final tener una actitud más libre, armoniosa, feliz y experimentadora, que sólo el aprendizaje mediante el juego nos permite.

¿Jugamos? 

Biblografía:

Terr, L (2000). El juego en adultos: por qué los adultos necesitan jugar. Paidós.

Huizinga, J. (1938). Homo Ludens. Alianza Editorial (Madrid, 2012).

Garanto Alós, J. Psicología del humor, Editorial Herder, Barcelona 1983.

Temprano,E. El arte de la risa, Seix Barral, Los 3 mundos, Barcelona 1999.

Elías. J. Guía práctica de risoterapia. Orión Ediciones, MAdrid, 2005.

 

 

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